El auge de la vigilancia financiera: dinero digital, privacidad y alternativas

El 16 de septiembre co-organizamos con ODIA un encuentro con Christian Grothoff, creador de GNU Taler, para pensar qué pasa con nuestros datos cuando pagamos en digital y qué alternativas concretas existen. Esta es la crónica desde el lado de Numis.

Por Sebastian Marchano

El 16 de septiembre, junto a ODIA, recibimos en Buenos Aires a Christian Grothoff, uno de los creadores de GNU Taler, para discutir una pregunta que atraviesa lo cotidiano: ¿pagar con medios digitales tiene que implicar dejar un registro de todo lo que hacemos?

La charla fue en inglés, con las diapositivas traducidas al español y las preguntas del público traducidas en vivo. Quedó grabada: podés verla completa en YouTube. ODIA publicó su propia crónica del encuentro; esta nota se escribe desde Numis, la cooperativa que trabaja hace años para traer Taler a la Argentina.

Pagar también produce datos

Durante años el debate sobre vigilancia se concentró en cámaras, reconocimiento facial y rastreo en internet. Miramos menos la infraestructura por donde pasa casi todo: el pago.

Cuando pagamos con tarjeta o billetera virtual no movemos solo plata. Dejamos nombre, lugar, hora y frecuencia. Esos registros se guardan entre seis y diez años, y combinados construyen un perfil que dice mucho más que cada compra por separado. Grothoff recordó las palabras de Edward Snowden en la IETF: el sistema de pago con tarjetas es “una de las peores cosas que le pasaron al usuario” para separar su acceso de su identidad.

El problema no es solo ver: también poder bloquear. Grothoff mostró un video de Agustín Carstens, del Banco de Pagos Internacionales, diciendo que con una moneda digital de banco central el Estado tendría “control absoluto” y la tecnología para hacerlo cumplir. Y dio un ejemplo reciente: jueces de la Corte Penal Internacional, sancionados por EE. UU., quedaron bloqueados de las redes de tarjetas y no podían pagar sus cuentas en Europa.

Eso es control: que no comés mañana.

Taler: privacidad para quien paga, transparencia para quien cobra

GNU Taler es una infraestructura de pagos de software libre. No es una moneda nueva ni una criptomoneda: funciona con monedas existentes —en la Argentina, pesos— y sin blockchain, prueba de trabajo ni prueba de stake.

Su apuesta separa dos cosas que suelen darse por rivales. De un lado, privacidad para quien paga: solo el comprador sabe dónde gastó su plata. Del otro, transparencia para quien cobra: los ingresos del comercio quedan registrados y se pueden auditar, como cualquier factura.

La pieza clave son las firmas ciegas. Cuando retirás dinero digital, el operador sabe cuánto salió de tu cuenta, pero no qué monedas quedaron en tus manos. Al pagar, el comercio deposita esas monedas de inmediato: así se detecta el doble gasto y el ingreso queda identificado del lado de quien cobra. La privacidad no es una promesa de no usar los datos: es el diseño del sistema.

Los datos son un activo tóxico, no algo que quieras tener si podés evitarlo.

Para el comercio también hay ventajas concretas: costos de transacción de fracciones de un centavo contra el 2 o 3 % de las tarjetas, liquidación inmediata y ninguna certificación de seguridad tipo PCI. Y para quien paga, es prepago: no se puede gastar de más ni endeudarse sin querer. El nombre lo resume: es un acrónimo de Taxable Anonymous Libre Electronic Resources, y el orden de sus prioridades es software libre primero, privacidad del comprador después, transparencia de los ingresos al final.

Soberanía: el software libre no se puede vender

En la discusión sobre soberanía, Grothoff fue directo: los sistemas cerrados de los bancos centrales no van a interoperar nunca, y los datos que concentran son un activo que no se devuelve fácil cuando cambia el gobierno. Citó a Skype, europeo hasta que Microsoft lo compró, y a Pix, eficiente pero bajo control brasileño.

¿Quién te dice que esa empresa no la compran dentro de dos años? Una solución de software libre no se puede comprar: no se puede volver extranjera.

Los sistemas cerrados tampoco se pueden auditar. Con software libre, la sociedad puede estudiar cómo funciona la infraestructura con la que paga y proponer cambios sin depender de la voluntad de una empresa.

Que el sistema sirva a toda la gente

Otro eje fue la inclusión. Grothoff trabaja con My Oral Village en herramientas para personas que no leen números: en Myanmar, el 45 % no puede leer un número de cuatro o cinco dígitos y hasta el 20 % no lee con fiabilidad un dígito de un solo número. En una prueba de campo con 21 mujeres, 6 idiomas y 8 tareas, 16 completaron todo sin errores.

También hablaron de los límites de los pagos sin conexión. Taler funciona con el comercio sin conexión y el comprador en línea; si los dos están sin señal, la respuesta fue sencilla:

Si los dos están sin conexión, seguí usando efectivo. Quizá conservemos algo.

¿Y en la Argentina?

Desde Numis venimos trabajando para que Taler opere en el país. Por la normativa local hace falta un banco que acompañe la operatoria: hoy tenemos la documentación y el conocimiento, y falta ese socio.

El próximo paso ya tiene fecha: en noviembre, junto a la Universidad Nacional de Quilmes, vamos a probar Taler en una feria local donde ya circula una moneda comunitaria en papel. La idea es simple: lo que hoy se anota en papel puede escalar con la seguridad criptográfica de un banco.

Podés ver la charla completa y la convocatoria original en Instagram.